Sergio Rodríguez

 

Sergio Rodríguez: otro arte

 

En una de las paredes del pequeño cottage  que tenía Julio Cortázar se podía ver una caja de zapa tos cuyo fondo era una estructura de esas  en las que se colocan huevos.  Cada  una de las cimas ce los conos chatos estaba conectada con otra por un cordel. Se trataba de un objeto artesanal, sin duda, pero con un guiño de arte.  Con frecuencia, sobre todo en su novela Rayuela, aparecen los nombres de piolines (cordoncillos) y rulemanes (cojinetes).  Esa estructura era para el escritor argentino una metáfora del fuego en la que las formas se movían con libertad pero limitadas a las reglas del juego mismo.

 

Así Sergio Rodríguez construye algunos de sus objetos.  En ellos hay un componente lúdico.  Es como el resultado de una pedacería a la que un niño da la forma de una casa, un barco, una avión.  En el arte de Sergio hay esa “pedacería” pero, cuando no se la ofrece su entorno industrial, él la fabrica para darle otro destino y otro sentido. Su oficio lo lleva a elaborar los materiales que cada una de sus obras requiere. Hay búsqueda estética, industria y  juego permanentes. Una lluvia multicolor ha sido producida por el artista con cordones de plástico, así como un bosque lo  ha  conformado con tubos cromados cuyo interior ha sido pintado al óleo en un verde pino joven. La mezcla del dominio cromático y del riguroso procedimiento que se sigue para obtener productos industriales con sentido artístico da a luz obras que proporcionan nuevas dimensiones visuales y al mismo tiempo conceptuales.  Eso que captura nuestra mirada y le produce asombro cuando descubre que aquello que parece un sombrero en realidad es un elefante, como en la ilustración ya universal que imaginara Antoine de Saint-Exupéry en El Principito.
Ahora, el artista plástico  expone, en el Museo El Centenario de San Pedro Garza García, una colección de sus obras en la que da dignidad y otredad estética a lo que en otras condiciones vemos sólo como tubos, válvulas, cordones, alambres. Estamos rodeados de elementos artísticos que sólo los creadores plásticos, como Sergio Rodrìguez, pueden darnos la posibilidad de verlos como obras de arte donde la expresión de Carlos Pellicer les viene a la medida: exactitud rotunda.

.

Volver